Experimento · Segunda parte
La foto de partida puede ser
más importante que el prompt
Dediqué más tiempo a escribir instrucciones que a elegir la imagen. Las instrucciones son importantes pero una buena foto de partida con una instrucción sencilla funciona.
Por qué parto de una foto mía
Podemos generar un vídeo escribiendo solo texto. Pero cuando parto de una foto que he hecho yo, el resultado tiene algo especial: la idea era mía, el encuadre era mío y el momento era mío. No todo es IA. La inteligencia artificial inventa el movimiento; la fotografía es mi mirada.
Y hay otra razón práctica: la foto de partida del vídeo es una instrucción más precisa que un párrafo de texto. Describir con palabras la luz de un atardecer sobre el mar puede llevar treinta palabras y puede quedar regular. Si le das la foto tardas un segundo y sale exacto.
Qué hace buena a una foto de partida
Después de trece intentos, mi lista es corta: la idea, el color, la limpieza y la simplicidad.
La foto del horno es un ejemplo perfecto y no lo era a propósito. Hay una sola cosa que se mueve, el fuego, y se mueve de una manera que todo el mundo conoce. El resto está quieto y es oscuro. Le estás pidiendo a la IA un problema pequeño y bien definido, y lo resuelve bien.
Si en lugar de eso le das una calle con veinte personas andando, cada una es una oportunidad de que algo salga mal: manos que se deforman, piernas que se cruzan solas, caras que cambian a mitad del clip.
La misma instrucción no da la misma imagen
La lotería no empieza al generar el vídeo: empieza con la fotografía de partida. Las dos fotos del bosque generadas con IA salieron del mismo texto, sin cambiar ni una coma, y no se parecen. No son errores, simplemente no hay forma de pedir esa foto que tienes en la cabeza y que salga totalmente perfecta. Al final subí los dos vídeos a Adobe Stock.
Pedir de más puede arruinar el vídeo
Los dibujos generados de la espuma son todos iguales, repetidos en filas parecen un estampado. Y el mar no hace eso. Puede que alguien no se dé cuenta a primera vista, pero un editor de una agencia lo ve en dos segundos.
Hice tres intentos, afinando las instrucciones. Pero no hubo manera. Y ahí está la lección: cuando un vídeo sale mal, casi nunca es porque falten palabras en el prompt. Es porque sobran. Cada intento se paga, pedir de más sale más caro.
En la próxima entrega, los trece vídeos uno a uno: los siete que valieron y todo lo que salió mal en los otros seis.
Todas las entregas están en el índice del experimento. Y lo que acepta cada agencia, resumido, en IA y fotografía de stock.